
Unos minutos con Dios.
Lee y medita la Palabra de Dios; si es necesario, léela de nuevo usando tu propia Biblia:
Primera lectura 1 Corintios 4, 1-5
Hermanos: Procuren que todos nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se busca en un administrador es que sea fiel. Por eso, lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano; pues ni siquiera yo me juzgo a mí mismo. Es cierto que mi conciencia no me reprocha nada, pero no por eso he sido declarado inocente. El Señor es quien habrá de juzgarme. Por lo tanto, no juzguen antes de tiempo; esperen a que venga el Señor. Entonces él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas, pondrá al descubierto las intenciones del corazón y dará a cada uno la alabanza que merezca.
Oración: dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…
Señor Jesús, vengo ante ti sabiendo que todo lo que tengo viene de tu bondad y que me has llamado a servirte y a cuidar los misterios de tu amor. Te pido de todo corazón que me des la gracia de ser fiel cada día, para cuidar con sabiduría y rectitud los bienes que me has confiado, proteger con cariño a mi familia y servir con dedicación a mi comunidad eclesial.
Limpia mi corazón y líbrame de querer agradar a los demás o de juzgar antes de tiempo. Enséñame a vivir con la conciencia tranquila y a mirar solo tu justicia, confiando en que tú mostrarás lo oculto y juzgarás con misericordia mis acciones. Que al final de mi vida sea fiel ante tus ojos y digno de tu gracia. Amén.
Señor Jesús, hazme un instrumento valiente de tu Evangelio y dame la fuerza para no callar cuando me llames a anunciarte. Amén.
Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ‹‹Señor, me has llamado a servirte y a cuidar los misterios de tu amor.›› Amén
Padre nuestro
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén



