Unos minutos con Dios | Memoria de Santa Isabel de Hungría, religiosa

November 17, 2020

Unos minutos con Dios

ISABEL DE HUNGRÍA, TERCIARIA FRANCISCANA
Cuando muere a los 24 años, en 1231, Isabel ya es “Santa” para muchos. Casada a los 14, madre a los 15 y viuda a los 20. Elige la pobreza franciscana de la Tercera Orden. Visita y asiste a los enfermos, también a los repugnantes, sin darle importancia a su linaje de soberana del trono de Hungría. 
Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia: Evangelio según San Lucas 19, 1-10 En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa” Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia……. Señor, podemos considerar estas cartas de san Juan como que están dirigidas a nosotros, hoy en nuestra historia, mi historia. “Conozco tus obras” tu mirada de Padre puede ver lo más íntimo de mi corazón y prefieres encontrarme frio o caliente a que esté tibio, consumido por el relativismo de nuestro tiempo Jesús, mi Señor y Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte, dame la fuerza para subirme al árbol como lo hizo Zaqueo. Y que mis oídos puedan oír tus palabras: “………., bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa” y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. Amén Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy. Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «................., bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.». Amén

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén

Para las lecturas del dia, por favor vaya aquí.

Para la Lectura Espiritual

Dios, el huésped de nuestra alma

Escucha, oh alma, cuál es tu dignidad. Tan grande es tu simplicidad que nada puede habitar la morada de tu espíritu, nada puede hacerla su estancia, salvo la pureza y la simplicidad de la eterna Trinidad. Escucha las palabras de tu Esposo: El Padre y yo vendremos y haremos morada en ella, y también: Baja pronto; conviene que hoy me quede en tu casa. En efecto, solo el Dios que te ha creado puede descender a tu espíritu porque, como atestigua san Agustín, él pretende ser más interior que lo más íntimo de ti mismo. Alégrate, pues, oh alma bienaventurada, de poder ser la anfitriona de tal visitante. Oh alma bienaventurada, que cada día purificas tu corazón para recibir al Dios que la contiene, ese Dios cuyo huésped no necesita nada, pues posee en él mismo al Autor de todo bien. Qué feliz es el alma que en Dios encuentra su reposo, ya que puede afirmar: Quien me ha creado reposa en mi tienda. No podrá negar el reposo del cielo a aquella que le ofrece el reposo en esta vida. Eres muy codiciosa, oh alma mía, si la presencia de un tal visitante no te basta. Él es tan generoso que te enriquecerá de sus dones. Dejar en la indigencia a su anfitriona, ¿no sería eso indigno de un monarca? Decora, pues, tu cámara nupcial y recibe a Cristo, tu rey, cuya presencia regocijará a toda tu familia. San Buenaventura

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