
Unos minutos con Dios.
Memoria de Santo Domingo, presbítero
Santo Domingo es conocido por su dedicación a la renovación de la Iglesia a través de la Orden de Predicadores, también conocida como los Dominicos. Nacido en Calaruega, España, en el siglo XIII, vivió en pobreza voluntaria y se dedicó a la predicación para combatir la herejía albigense
Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:
Evangelio según San Mateo 17, 14-20
En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: “Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo”.
Entonces Jesús exclamó: “¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho”. Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.
Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?” Les respondió Jesús: “Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: ‘Trasládate de aquí para allá’, y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes”.
Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…
Señor Jesús, ante este pasaje nos reconocemos muchas veces como el padre que acude a ti en busca de ayuda y refugio. Hoy ponemos en tus manos nuestras familias, nuestros miedos y las situaciones difíciles de nuestra vida que nos abruman y no hemos podido resolver con nuestras propias fuerzas. Aumenta nuestra fe cuando flaqueamos, sana nuestras heridas y limpia nuestro corazón de toda incredulidad y desconfianza, para que aprendamos a recurrir siempre a tu presencia, a tu amorosa e infinita misericordia.
Te pedimos la humildad de reconocernos necesitados de tu gracia y la constancia para cultivar una fe sincera y profunda. Concede a nuestras vidas esa fe del tamaño de una semilla de mostaza, capaz de mover las montañas de la desesperanza, la duda y el egoísmo. Permítenos confiar plenamente en que para ti nada es imposible y que transmitas a nuestros corazones la paz de saber que, cuando caminamos a tu lado y guiados por el Espíritu Santo, tu poder restaurador actúa en nosotros. Amén
Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ‹‹Santo Domingo de Guzmán, ruega por nosotros›› Amén
Ave María
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén



