
Unos minutos con Dios.
Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Lectio: Lee, medita y vive la Palabra de Dios. Si lo prefieres, puedes leerla de nuevo en tu propia Biblia.
Evangelio según San Lucas 12, 54-59
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?
Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo’’.
Meditatio: Reflexiona sobre la Palabra de Dios. Pregúntate: ¿Qué me dice este texto bíblico? Deja que la meditación te lleve a la oración…
Oratio: Tómate unos minutos para hablar con Cristo de corazón a Corazón y pide por tu familia, tus amigos, la Iglesia, etc.
Te suplico, Señor, que me ayudes a prestar atención a los signos de mi tiempo.
Sobre todo, a través del Espíritu Santo, que, en la Santísima Trinidad, es vínculo de unión sustancial, haz que yo viva y obre apasionándome por la causa de la unidad como respuesta a ese signo de mi tiempo que es la aspiración a la unificación del mundo.
Para ello, sin embargo, te ruego que me concedas un corazón leal y animoso, a fin de que quiera convertir mi ser, dividido y fragmentado con frecuencia, en la "única cosa necesaria": amarte a ti, Señor, y amar a todos y a cada uno en ti y por ti.
Haz que prescinda de todo lo que es causa de división y acoja y potencie todo lo que une en el signo de tu poder obrador de salvación: tu muerte y resurrección. Amén.
Contemplatio: haz silencio para que lo leído, orado y meditado transforme tu corazón
Actio: Actúa lleva la Palabra a la práctica con un gesto concreto en el día de hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ‹‹Hipócritas! Si sabéis discernir el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo es que no sabéis discernir el tiempo presente?›› (LC.12,56) Amén
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.
Terminamos nuestra oración en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Lectura Espiritual
Comprender el tiempo que se está viviendo significa comprender las intenciones de Dios, que, en cada tiempo, especialmente por el misterio de la Iglesia y de sus sacramentos, hace actual el misterio de Jesús con toda su eficacia de salvación.
Es importante comprender los signos de los tiempos, porque en el tiempo -y no fuera de él, es posible comprender las intenciones de Dios. Él, con su amor, actúa en todo tiempo.
Y me llama, en este tiempo que me ha sido dado, a leer los signos de salvación y también los de perdición, ambos típicos del "hoy".
El signo por excelencia es siempre, evidentemente, Cristo, con su misterio pascual.
Él me salva a medida que, leyendo los signos y confrontándolos con la Palabra, dejo que esta última dé fruto en mí y en mi tiempo, porque, al ponerla en práctica, permito al poder de Dios que obre más allá de mis expectativas. Amén
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