San Timoteo y San Tito

January 26, 2018

Las noticias que de ellos tenemos vienen de las Cartas de San Pablo, ya que se trata de dos de sus más cercanos discípulos. También nos hablan de ellos los Hechos delos Apóstoles.

De Tito, sólo habla Pablo en sus cartas. El perfil que de ellas resulta es el de un cristiano procedente del paganismo, firme en la fe, activo y generoso en la evangelización, hombre de paz que ama y se hace amar, dotado de buenas aptitudes de organización. La carta a él dirigida le presenta como responsable de la comunidad de Creta. De San Timoteo sabemos que era de Listra (Asia Menor), hijo de Eurice, de origen judío, y de un padre pagano. Aunque sin estar circuncidado, su madre y su abuela Loide lo habían educado en el conocimiento de las Escrituras. No es de extrañar, por tanto, que, con esa disposición de mente y de espíritu, Timoteo fuese ganado para la fe en Cristo cuando Pablo y Bernabé pasaron por Listra. En su segundo viaje, Pablo pensó en Timoteo como colaborador. No queriéndose dejar llevar por su afecto hacia Pablo lo consultó con los cristianos de Iconio y Listra, que dieron óptimos informes del joven. A partir de entonces, vemos a Timoteo acompañando a Pablo por toda Asia Menor, y en Roma, en la primera prisión del Apóstol. Cuando el año 65 Pablo vuelve a Éfeso, deja allí a Timoteo, encargándole el cuidado de aquella comunidad. Y allí le dirigió las dos cartas que conserva el Nuevo Testamento. A través de ellas, podemos descubrir el retrato que el maestro hace de su discípulo. Era todavía joven y, sin embargo, sobresale por su palabra y conducta, por su caridad, fe y prudencia. Hombre austero y de grandes penitencias, recibirá de Pablo el cariñoso consejo de que no beba sólo agua, sino que tome un poco de vino, por el estómago y sus frecuentes indisposiciones (1 Tim 5,23). Cuando Pablo se encuentra por segunda vez prisionero en Roma, llama a su discípulo. Su carta, la segunda que le dirige, es como su testamento: "Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente, He combatido bien mi combate, recorrido hasta la meta, he mantenido mi fe. Ahora me aguarda la Corona merecida con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día" (2 Tim 4,6-8). Es el resumen de su vida, del que Timoteo recogería la herencia. Él continuará su obra. Por otros escritos de los primeros siglos, sabemos que Timoteo continuó de obispo de Éfeso y encargado de vigilar las demás iglesias de Asia Menor. Padeció el martirio, según la tradición, en tiempos de Domiciano, en la misma ciudad de Éfeso.

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