
Unos minutos con Dios
Martirio de san Juan Bautista
La fiesta del día de hoy originalmente recordaba la consagración de la basílica de San Juan el Bautista en Sebaste (Samaría), en donde fueron probablemente guardados sus restos. En el siglo IV, la basílica fue destruida por los paganos. San Marcos nos cuenta, en el capítulo 6, los detalles de este martirio. El evangelista Juan nos explica, en el capítulo 3,22-30, el motivo por el que Juan el Bautista no tenía miedo de atacar en público la vida escandalosa del rey Herodes Antipas. Juan sabía que reprender a los poderosos era arriesgar la propia vida. En el espectáculo sangriento de la muerte del profeta inocente vemos toda la perversión del hombre caído y de la mujer sin Dios.Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:
Evangelio según San Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.
Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.
Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia ……
Señor Jesús, al contemplar el martirio de Juan el Bautista, me doy cuenta de que seguirte con fidelidad puede traer rechazo, incomodidad e incluso persecución. Juan no tuvo miedo de anunciar la verdad, aunque le costara la libertad y la vida. Yo te pido un corazón valiente, capaz de defender la justicia y la dignidad del Evangelio, aun cuando resulte difícil o impopular. Ayúdame a no negociar mis principios por miedo al qué dirán, sino a mantenerme firme en la verdad que viene de Ti.
Padre bueno, también me doy cuenta de lo frágil que es el corazón humano cuando se deja llevar por el poder, las pasiones y las apariencias. Herodes escuchaba a Juan y lo respetaba, pero terminó cediendo ante la presión y el orgullo. Enséñame a no vivir para agradar a los hombres, sino para agradarte solo a Ti. Que mi vida, al igual que la de Juan, sea testimonio de fidelidad y esperanza en tu Reino, y que nunca falte en mis labios el anuncio de tu amor y tu justicia. Amén.
Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «“ Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.”» Amén
Señor Jesús:
Te entrego mis manos para hacer tu trabajo.
Te entrego mis pies para seguir tu camino.
Te entrego mis ojos para ver como tú ves.
Te entrego mi lengua para hablar tus palabras.
Te entrego mi mente para que tú pienses en mí.
Te entrego mi espíritu para que tú ores en mí.
Sobre todo te entrego mi corazón para que en mí ames a tu Padre y a todos los hombres.
Te entrego todo mi ser para que crezcas tú en mí, para que seas tú, Cristo, quien viva, trabaje y ore en mí. Amén.
Para las lecturas del día oprime aquí.