
Unos minutos con Dios.
San Alfonso María de Ligorio
Nació en Nápoles en el año 1696; obtuvo el doctorado en ambos derechos, recibió la ordenación sacerdotal e instituyó la Congregación llamada del Santísimo Redentor (redentoristas). Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant’Agata dei Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagani, cerca de Nápoles, en el año 1787.
Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:
Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.
Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…
Amado Jesús, hoy me acerco a Ti pensando en la vida de Juan el Bautista, un hombre que no tuvo miedo de defender la verdad, aunque eso le trajera sufrimiento y rechazo. Señor, te pido que me des la valentía de Juan frente a las dificultades de mi tiempo. No dejes que el miedo, la comodidad o las ganas de agradar a otros me aparten de tu Evangelio.
Jesús, vivimos en un mundo donde a menudo es más fácil callar para no incomodar, donde la verdad puede ser rechazada y donde el miedo a lo que piensen los demás puede atarnos y quitarnos libertad. Ayúdame a no estar siempre pensando: “¿Qué dirán los demás?” o “¿Cómo me verán?”, porque lo más importante es ser fiel a Ti y a tu voluntad.
Señor, dame un corazón fuerte como el de Juan el Bautista, que sepa decir la verdad con amor, defender el bien aunque cueste y mantenerme firme cuando las cosas me inviten a dejar mis principios. Que nunca cambie tu verdad por buscar la aprobación de otros, ni mi fidelidad a Ti por la comodidad de una vida fácil.
Jesús, Tú nos has dicho: “Yo he vencido al mundo”. Haz que mi fe sea fuerte para recordar que ninguna dificultad es más grande que tu gracia y que quienes confían en Ti nunca están solos. Cuando tenga miedo, sienta presión o me den ganas de callar ante la injusticia, recuérdame el ejemplo de Juan, que prefirió perder la vida antes que dejar la verdad.
Señor, ayúdame a ser un discípulo valiente en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad y en cada lugar donde me pidas dar testimonio. Que mis palabras y acciones muestren tu amor y tu verdad con humildad y generosidad.
Amado Jesús, por la intercesión de San Juan Bautista, dame fuerza para vencer los miedos de hoy, sabiduría para elegir el bien y la gracia de ser siempre fiel a Ti. Amén.
Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ‹‹San Alfonso María de Ligorio, ruega por nosotros.›› Amén
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita.



