
Unos minutos con Dios.
San Apolinar de Rávena
San Apolinar de Rávena, obispo del siglo II, es conocido por su ferviente misión de evangelizar a los gentiles, llevando las riquezas espirituales de Cristo a múltiples comunidades. Su vida culminó en el martirio, convirtiéndose en un ejemplo de fe y valentía. La iglesia de Classe, en la vía Flaminia, fue testigo de su sacrificio, honrando su memoria cada 20 de julio.
San Apolinar es venerado no solo por su martirio sino también por su liderazgo como buen pastor. Su legado sigue vivo en Rávena y más allá, simbolizando la perseverancia en la fe.
Empezamos la oración de la mañana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Lee y medita la Palabra de Dios, si es necesario léala de nuevo, usando tu propia Biblia:
Evangelio según San Mateo 12, 38-42
En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: “Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa”. El les respondió: “Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará, será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.
Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.
La reina del sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón’’.
Oración, dedica unos minutos a tener un diálogo espontáneo con Cristo, de corazón a Corazón, intercede por tu familia…
Señor Jesús, perdóname porque muchas veces, como los escribas y fariseos, he querido pedirte señales para creer, cuando ya me has dado la prueba más grande de tu amor en tu muerte y resurrección. Ayúdame a confiar en ti aunque no entienda tus caminos. Quiero abrir mi corazón a tu Palabra con la humildad de los habitantes de Nínive y el deseo sincero de la reina del sur de buscar tu sabiduría. No quiero esperar milagros para seguirte, sino reconocer tu presencia cada día, convertirme de corazón y vivir con una fe firme, agradecida y obediente. Amén.
Contempla la Palabra de Dios (en silencio deja actuar en ti al Espíritu de Dios). Actúa y conserva la Palabra en tu vida hoy.
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: ‹‹Ayúdame a confiar en ti aunque no entienda tus caminos.›› Amén
Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en un principio,
ahora y siempre,
y por los siglos de los siglos. Amén.
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